TT1 / Día 1 / 6:50 am
El fuego dejó de arder durante las últimas horas de aquella noche, dando paso al primer día de aquella nueva era. Aquel primer amanecer no parecía tener nada de especial. No lo tuvo en absoluto. Fue una simple continuación de todos los días que habíamos vivido hasta entonces. Al menos para el resto del mundo.
Y entonces llegó la lluvia.
Una lluvia cruel y fría; imparable.
Una lluvia que nadie esperaba.
Y tuvimos miedo.
Toda esa lluvia cayendo sobre mí,
acumulándose sobre mis hombros,
borrando cada uno de mis pasos.
Toda esa lluvia vaciando el cielo,
regalándonos sonidos infinitos,
golpeando con furia todo.
Se dice que quien escribe no puede evitar dejar algo de si mismo en cada palabra; en cada línea. Sin querer, acaba plasmando sus propias vivencias en trozos de papel, o fragmentos de píxel y código. Disimuladas mejor o peor entre esas líneas, se esconden las mejores y las peores cosas que podemos ofrecerle al mundo.
Escribimos por que tenemos miedo.
Los agentes llegaron en apenas unos minutos, el estruendo de su marcha silenciando el rumor de la lluvia por completo. Aún hoy es difícil imaginar por qué iban todos armados, o por qué el chirriar de sus dientes era más fuerte que el ruido de sus botas al golpear el suelo.
“Sería la lluvia”, dijeron algunos. “La visibilidad era malísima cuando las fuerzas comenzaron aquella misión de reconocimiento”, otros intentaron justificar lo ocurrido aquella mañana con argumentos como “Los nervios de los agentes estaban a flor de piel”, “no se les puede culpar de lo ocurrido”
Pero todos aquellos sonidos que anunciaron la llegada del escuadrón sirvieron de bastante poco aquella mañana, ya que la chica que avanzaba en dirección contraria, conduciendo un tractor de color rojo, hacía tiempo que había dejado de escuchar.
Eva no parpadeó ni una sola vez. Mientras la lluvia empapaba su vestido y su largo pelo rizado, volvió a pensar por última vez en su tío Jaume. Aún sonreía cuando la pelota de goma le golpeó en el cuello. Le siguieron otras muchas, golpeándole en el pecho, la cabeza, los brazos; haciéndola caer del vehículo. Lo que ocurrió después todavía no ha llegado a explicarse abiertamente a través de los medios.
Y la lluvia seguía cayendo, cruel y fría; imparable.

Ilustraciones de Marc Moret










