{"id":762,"date":"2014-03-07T14:50:40","date_gmt":"2014-03-07T14:50:40","guid":{"rendered":"http:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/?p=762"},"modified":"2014-03-07T16:57:08","modified_gmt":"2014-03-07T16:57:08","slug":"9-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/blog\/2014\/03\/07\/9-5\/","title":{"rendered":"9"},"content":{"rendered":"<p>Su voz se quiebra al hablar. Sale de su boca en un fino hilillo, casi inaudible, y muchos de los asistentes al juicio inclinan sus cabezas a un lado y arrugan las frentes, iniciando el tantas veces repetido acto de simular atenci\u00f3n. Es curioso como el inconsciente nos impulsa a est\u00fapidos gestos como \u00e9ste, haci\u00e9ndonos creer que la posici\u00f3n de nuestras cabezas, o el n\u00famero de arrugas en nuestro ce\u00f1o, puede alterar m\u00ednimamente nuestra capacidad auditiva.<\/p>\n<p>A veces olvidamos que lo m\u00e1s importante es querer escuchar lo que alguien quiere decirnos&#8230;<\/p>\n<p>Por suerte, existen algunas preciosas ocasiones en las que la naturaleza del mensaje es tan clara, tan simple, tan justa, que su calidad sonora carece de importancia; el poder de las palabras pronunciadas, que no entiende de vol\u00famenes, tonos, ni texturas, atraviesa todas esas barreras en la comunicaci\u00f3n y se convierte en un modo oculto de poes\u00eda, una dulce e incuestionable canci\u00f3n de cuna para adultos.<\/p>\n<p>Y esta tarde es sin duda una de esas ocasiones. La voz de un hombre de casi noventa a\u00f1os, sentado en el banquillo, comienza a pronunciar palabras que nadie en la audiencia quiere o\u00edr:<\/p>\n<p><i>Nunca sabremos como habr\u00edan ido las cosas si la situaci\u00f3n hubiera sido distinta, pero ahora ya es demasiado tarde para eso. Se nos echa la culpa de mucho de lo que pas\u00f3 en aquellos d\u00edas&#8230; De hecho, se nos echa la culpa de todo lo que pas\u00f3. Incluso hemos tenido que aguantar como algunos interpretaron nuestras acciones como un atentado a la estabilidad Europea, simplemente por la proximidad en el tiempo al conflicto en Crimea. Nos culpan de ser uno de los detonantes de la tercera guerra mundial&#8230; Algo que todav\u00eda hoy me parece incre\u00edble.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>El anciano hace una peque\u00f1a pausa para beber, el temblor de sus manos hace derramarse un poco de agua sobre el roble de la estrada.<\/p>\n<p><i>Y luego est\u00e1 el tema del incendio. He escuchado que algunos pol\u00edticos lo consideran un acto de brujer\u00eda, algo que solo el demonio pudo haber provocado. En el siglo veintiuno, acogi\u00e9ndose a la brujer\u00eda. Durante a\u00f1os hemos demostrado que no hubo ninguna v\u00edctima mortal aquel nueve de noviembre. Hemos presentado pruebas, censos, documentaci\u00f3n legal, firmas de ciudadanos que la prensa consideraba desaparecidos, e incluso declaraciones ante notario de supervivientes. Quieren que paguemos por todos los recursos empleados en las tareas de rescate, cuando esos recursos nunca llegaron a alcanzar nuestra tierra. Nos acusan de haber provocado lo que ellos llaman una cat\u00e1strofe, cuando para nosotros fue un momento crucial para nuestra historia.<\/i><\/p>\n<p>El anciano vuelve a hacer una pausa, pero esta vez no bebe agua, s\u00f3lo mira a la audiencia durante un largo minuto de silencio. Algunos le devuelven miradas inc\u00f3modas, otros bajan la vista.<\/p>\n<p><i>No hubo incendio alguno, se\u00f1ores. No hubo fuego en ning\u00fan otro lugar que en sus retorcidas mentes. Lo \u00fanico que hubo fue pasi\u00f3n por una idea, una ilusi\u00f3n incontrolable por alcanzar la libertad. Pero como en todo sistema totalitario que se preste, algunas ideas resultan demasiado peligrosas, incluso incendiarias.<\/i><\/p>\n<p><i>\u00a1Silencio!<\/i> Grita el juez. El leve embrujo provocado por las primeras palabras del anciano parece haberse roto de pronto. <i>\u00a1Ll\u00e9vense al acusado!<\/i><\/p>\n<p>En a penas unos segundos, sin que se altere el silencio en la sala, dos agentes se acercan a la estrada y se llevan esposado a Francesc Bastida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su voz se quiebra al hablar. Sale de su boca en un fino hilillo, casi inaudible, y muchos de los asistentes al juicio inclinan sus cabezas a un lado y arrugan las frentes, iniciando el tantas veces repetido acto de simular atenci\u00f3n. Es curioso como el inconsciente nos impulsa a est\u00fapidos gestos como \u00e9ste, haci\u00e9ndonos creer que la posici\u00f3n de nuestras cabezas, o el n\u00famero de arrugas en nuestro ce\u00f1o, puede alterar m\u00ednimamente nuestra capacidad auditiva. A veces olvidamos que lo m\u00e1s importante es querer escuchar lo que alguien quiere decirnos&#8230; Por suerte, existen algunas preciosas ocasiones en las que la naturaleza del mensaje es tan clara, tan simple, tan justa, que su calidad sonora carece de importancia; el poder de las palabras pronunciadas, que no entiende de vol\u00famenes, tonos, ni texturas, atraviesa todas esas barreras en la comunicaci\u00f3n y se convierte en un modo oculto de poes\u00eda, una dulce e incuestionable canci\u00f3n de cuna para adultos. Y esta tarde es sin duda una de esas ocasiones. La voz de un hombre de casi noventa a\u00f1os, sentado en el banquillo, comienza a pronunciar palabras que nadie en la audiencia quiere o\u00edr: Nunca sabremos como habr\u00edan ido las cosas si la situaci\u00f3n hubiera sido distinta, pero ahora ya es demasiado tarde para eso. Se nos echa la culpa de mucho de lo que pas\u00f3 en aquellos d\u00edas&#8230; De hecho, se nos echa la culpa de todo lo que pas\u00f3. Incluso hemos tenido que aguantar como algunos interpretaron nuestras acciones como un atentado a la estabilidad Europea, simplemente por la proximidad en el tiempo al conflicto en Crimea. Nos culpan de ser uno de los detonantes de la tercera guerra mundial&#8230; Algo que todav\u00eda hoy me parece incre\u00edble.\u00a0 El anciano hace una peque\u00f1a pausa para beber, el temblor de sus manos hace \u2026 <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/blog\/2014\/03\/07\/9-5\/\"> Continue reading<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[16,17],"class_list":["post-762","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-castellano","tag-pedrolo","tag-temps-obert"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/762","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=762"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/762\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":764,"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/762\/revisions\/764"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=762"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=762"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tempsobert.pfdorado.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=762"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}